Criterios sobre Sergio Núñez Santamaría

Valores ecuatorianosSergio Núñez

Firmando en el libro de visitas del Panteón Nacional de Caracas

Por Alfonso Rumazo González
Escrito probablemente en 1932.
Tomado de Rincón Nativo.
Nadie ha sido combatido como él. No le han hecho guerra sólo los hombres, sino la vida. Entre cualquier paso ha tenido la lucha honda que se revela en las grandes arrugas de su rostro; a cada bofetada ha tenido la sabiduría de arrancarle una lección, un consejo, la delicadeza de una estrofa o la polifonía de páginas novelescas. Los invencibles son así, y los artistas también.
Pertenece a las pintadas cercanías de Ambato, por la cuna; por su obra es absolutamente ecuatoriano. Ni poesía, ni novela, ni cuento, ni la sentencia, ni el comentario, ni crítica, o costumbrismo le colocan fuera de las lindes nacionales. Por extensión de similitudes paisajistas sería americano; europeo pareció en los comienzos, pero el beso que le dio en la frente Aurora Estrada, le volvió a la nacionalidad.
En su gran iniciación literaria fue voz autorizada entre "Los Hermes", por donde pasaron tantos buenos y tantos grandes: Remy Romero, Silva, Djenanna, Leti Castillo. …Comenzó pues con la bohemia. El también escaló los muros del cementerio para recitar versos sobre la tumba de Silva; él también rompió la copa en el éxtasis de las grandes orgías; él también imprimió en las páginas de la Revista del grupo algo del alma superexitada que llevaban todos entonces.
Naturalmente, el canto de aquellos días no tuvo sino plenitudes mordedoras, dolorosas, ateridas del frío y ahorcadas de desengaño. Así se escribía: era la moda francesa superada quizás. Soñó con un placer máximo, el viajar; los del grupo soñaban también. Y los sueños, sueños son. La producción del principio, de jardinería romántica, sobre todo en el verso: Hostias de fuego, Aurora BorealEl alma de la siesta, ha permanecido en el poeta, pero no de manera única o definitiva; antes fue el predominio, ahora constituye un matiz hermoso.
El romanticismo del siglo XX, reformado según las más nuevas tendencias, queda aún en nuestra literatura. Se llora menos que antes y se declama menos también; pero el intimismo, la divinización de la mujer, el culto de la doliente corazonada interior, se perpetúan, porque el paisaje, las maneras de vida, la fuerza social centrípeta nuestra, enemiga de toda dislocación, lo imponen. Quienes vuelan por encima de tales obligaciones realizan obra titánica, combativa, incomprendida, hasta ininteligible para las mentes viejas. El alma de Sergio Núñez ha bebido las evoluciones. Esto solo lo exalta. El gran enemigo del arte es el estancamiento; la prima flor, flor veneno, del estancamiento es la vejez espiritual. Juventud evolución, divino tesoro. Senilidad estética, humana flaqueza acreedora a la compasión.
Abundantísima es la producción del escritor tungurahuense: unos quince tomos, apenas la mitad de ellos publicados. A cada dolor nuevo, a cada experiencia última, Núñez contesta con un verso más, o una novela, o un cuento. Porque es pobre se ha declarado socialista; la justicia ordena reacciones, la desnivelación quiere nuevas orientaciones. Reflejos de luchas y de obligadas ideologías son sus novelas y son sus ideaciones de la Esfinge Interior.

Su verso fundamentado en grande ilustración, con patrón romántico, corresponde a un Gutiérrez Nájera con alma de Anatole France. Imaginación audaz, intensa; robustez indómita; desprecio burlón de la vida; amor inmenso a ella, por causa del amor; creación antes que interpretación; cáliz armonioso de metáforas y relampagueo con poemas entre valentía y cariño. Casi media producción está en verso, sin filigranas, sin arquerías, a la plena luz en cuya omnipresencia relucen hasta los dolores.
La parte desarrollada en forma de novela o de cuento, ante todo tiende a la costumbre; es fotografía espiritual; la persona y el paisaje, los ambientes y las circunstancias crean realismo, rítmico, absorbente a veces y hasta aprisionante. El diálogo, más meditativo que activo, sugiere con relativa intención. La sinceridad ha sido el gran bien y el gran mal de este escritor; el concepto social excluye la sinceridad, por más que el máximo secreto artístico resida espiritualmente en ella.
Casi todas las novelas de Núñez son vividas u observadas directamente; para escribir así se requiere haber vivido mucho y poseer ojos con alma. Hay tantos ojos sin alma, sobre todo femeninos! Núñez no tiene predilección de temas; su tendencia sí es la gente pobre de dinero. Escritor fácil, penetrante, audaz en el sentido de que desconoce limitaciones, ha cavado muchos espíritus; éstos le han mostrado su osamenta, despojados ya del convencionalismo. La realidad espirituosa que nace del realismo vital del mundo, supera con frecuencia a la psicología. El hambre, la traición, el adulterio, la infamia, lo mismo que la gran altura, se devaloran con la interpretación.
Los cuadros a gran colorido, ahondan más en la mente del lector que toda divagación o desarrollo temático a la manera escolástica; lo uno es la vida; lo otro es vida ajena, intromisión.
Es preciso y urgente que la existencia, y los reguladores de ello por ahora, hagan justicia a quien ha forjado arte con admirable constancia y generosa elevación. El grito de los olvidados algún día tendrá su resonancia.

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